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TRADICIONES
En Navidad los niños sallan por las casas pidiendo el aguinaldo provistos de
buenos palos de encina. Cantaban en las puertas de las casas la canción:
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"Dame el aguinaldo
carita de rosa
que no tienes cara
de ser tan roñosa
si no me lo das
que se caiga encima
la campana gorda
de la catedral.
Y si me lo das
que pases las Pascuas
con felicidad" |
Luego se gritaba "aguinaldo y si, no cachiporrazo!", si lo daban se les despedía
con las gracias muy educadamente, pero si no lo daban caía una lluvia
estruendoso de porrazos sobre las puertas.
Cuando unas personas se casaban en segundas nupcias eran acompañadas por un
numeroso grupo de amigos y conocidos con el mayor estruendo posible de cencerros
y otros instrumentos para darle a los contrayentes la "cencerrá", con canciones
jocosas y picantes como "¿quién se ha casado?" (se decían los nombres), "¿y él
qué le ha regalado?, un espejo, ¿para qué?, para que se mire el conejo".
La cencerrada continuaba hasta que uno de los contrayentes los invitara
satisfactoriamente, con lo cual cesaba el jaleo.
Este romance, publicado por Don Bonifacio Gil en el Romancero Popular Extremeño
fue recogido en Campillo:
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Por las calles de Madrid
iba un cebollinero
vendiendo sus cebollinos
por Dios o por el dinero.
An casa de "La Comarca"
ha entrado el cebollinero,
vendiendo sus cebollinos
por Dios o por el dinero;
mi marido no está en casa;
yo dar posada no puedo.
Por estas y por las otras,
ha entrado el cebollinero.
Dispusieron de cenar
"La Comarca" y el mancebo
y entre lo blanco y lo tinto
bebieron lo que quisieron.
Dispusieron de acostarse
"La Comarca" y el mancebo,
y a eso de la media noche
emprendieron fuegos y fuegos.
A eso de los nueve meses
resultó el cebollinero;
que ha tenido "La Comarca"
un muchacho como un templo.
Le coge su padre en brazos,
dándole doscientos besos:
-Hijo de mi corazón,
hijo del cebollinero.
Le coge su madre en brazos,
dándole trescientos besos:
-No dejarás tú de ser
hijo del cebollinero. |
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